El poder de la innovación disruptiva

 El poder de la innovación disruptiva

¿Cómo se originó el término ‘innovación disruptiva’?

A finales de los noventa, con el surgimiento de las nuevas tecnologías, los procesos de innovación en las diferentes industrias se aceleraron y muchas compañías tradicionales comenzaron a perder el liderazgo que habían tenido por décadas frente a la aparición de nuevos competidores más pequeños pero más ágiles, que estaban capturando valor de segmentos del mercado desatendidos o que incluso estaban creando nuevos segmentos con sus respectivos consumidores.

Clayton Christensen, profesor de Harvard Business School, llamó a este fenómeno “innovación disruptiva”. Sin embargo, el significado de este concepto se fue distorsionando hasta el punto de llamar “disrupción” a cualquier innovación que desencadenara una transformación radical a nivel empresarial o cultural. Precisamente, la innovación disruptiva es una de las principales causas que ha dado origen a la Cuarta Revolución Industrial o Industria 4.0.

En los mercados maduros, las empresas líderes normalmente tienen estructurado su modelo de negocio para dirigir todos sus esfuerzos en mantener el nivel de ventas de los productos que las hacen exitosas y de los que sobreviven. Sin embargo, siempre queda desatendida una parte del mercado, ya sea porque los atributos de esos productos no cubren todas las necesidades del universo de consumidores o porque simplemente no se comercializan en todos los segmentos debido a la baja rentabilidad que representan muchos de ellos a las empresas.

La disrupción se genera cuando un emprendedor, utilizando alguna tecnología, construye un modelo de negocio con el que es posible atender de manera rentable a los consumidores descartados por la oferta de valor de las empresas dominantes, retando su liderato, expandiendo el tamaño del mercado y, en la gran mayoría de los casos, proponiendo soluciones altamente innovadoras para las que ni siquiera existe regulación, incluso en los países más desarrollados.

Son tan impactantes las innovaciones disruptivas que actualmente se están llevando a cabo que, según estudios de Singularity University, los cambios en la composición de los rankings S&P 500 y Fortune 500 cada vez se dan de una manera mucho más acelerada. En promedio, una empresa que hace parte del S&P 500 está siendo reemplazada cada dos semanas; además, se pronostica que alrededor de 40% de las empresas Fortune 500 dejarán de existir en los próximos 10 años. Y si esto está pasando con las corporaciones más grandes del mundo, ¿Cuál será el futuro de las otras empresas? ¿Qué pasará con el trabajo de tantas personas?

En su libro “Sálvese quien pueda”, Andrés Oppenheimer define a los “tecno-optimistas” como aquellas personas que sustentan con argumentos que los avances tecnológicos siempre traen a la humanidad muchas más cosas buenas que malas, y narra, entre otros ejemplos, cómo la impresora y el uso del automóvil generaron más empleos, y cómo la proliferación de los cajeros electrónicos no acabó con los empleados de los bancos.

Precisamente, uno de los factores clave de la implementación de nuevas tecnologías es la cantidad de empleos indirectos que se generan y sectores que se desarrollan y potencian, llegando a consolidar verdaderas industrias. Continuando con el ejemplo del automóvil, sin duda se afectó en su momento la industria del transporte ecuestre, pero se desarrollaron intensivamente varios sectores de la economía como el petróleo, los combustibles, los lubricantes, el acero, el plástico, el vidrio, el caucho, entre otros, y algunos menos relacionados con la manufactura como el financiero, los seguros, y nada más y nada menos que la infraestructura. Hoy a nadie se le ocurriría transportarse a caballo para recorrer grandísimas distancias en poco tiempo, teniendo la posibilidad de acceder a un vehículo más rápido, eficiente y cómodo.

¿Qué rol tiene la innovación para los grandes retos globales?

Gracias a la innovación y a los desarrollos tecnológicos se ha podido avanzar en la búsqueda e implementación de soluciones a los grandes retos de la humanidad como la falta de agua potable en muchos lugares del mundo, el hambre, las enfermedades genéticas, la baja cobertura de la educación, el difícil acceso a los servicios financieros, entre otros. Dado que estos grandes retos son globales, requieren que muchas de las soluciones puedan ser escalables de manera exponencial, es decir, que su crecimiento sea muy acelerado para llegar a muchísimas personas en poco tiempo.

¿Cómo se logra que una idea sea exponencial? Singularity University menciona la regla de las 5 D´s: Digitalizado, Disruptivo, Desmaterializado, Desmonetizado y Democratizado. La tecnología permite utilizar cada vez más las herramientas digitales para no depender de los registros físicos de información; a su vez, la idea debe ser disruptiva, es decir, que sacuda los modelos de negocio actuales que han estado vigentes por años y que nadie se ha atrevido a tocar, presentando soluciones para segmentos del mercado desatendidos. Por otro lado, gracias a la Ley de Moore, el valor de la tecnología se reduce a la mitad cada dos años y su capacidad se duplica, haciéndola más asequible a un mayor número de personas, contribuyendo a su democratización.

Ejemplos de modelos de negocio exponenciales hay muchos, algunos de los cuales se han convertido en unicornios, es decir, empresas cuya valoración ha superado los $1.000 millones de dólares, que van desde compañías dedicadas a las finanzas digitales -también llamadas fintechs- que ofrecen préstamos por medio de una app a personas que no son sujetos de crédito para los bancos tradicionales, hasta universidades completamente virtuales, cuyos cursos ya son aceptados por muchas empresas cuando realizan procesos de selección, pasando por compañías que ofrecen todo tipo de servicios a domicilio o remotamente, como salud, aseo, alimentación, entre otros.

Gran parte del éxito de estas empresas radica en la analítica que realizan a toda la información que recogen de sus clientes y usuarios de manera permanente para mejorar la forma de operar y ofrecer mejores servicios, muchos de ellos perfectamente personalizados. Nos encontramos justo en la era de la información y por eso la llaman “el nuevo petróleo”.

El gran reto siempre será la capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías, pues continuarán surgiendo a un ritmo más acelerado y cada vez serán más disruptivas. Ahora que la Industria 4.0 está en todo su apogeo, es importante tener claro qué va a permanecer y qué cambiará. Mientras haya personas sobre la tierra, siempre habrá necesidades básicas por cubrir: alimentación, vivienda, educación, transporte, salud, empleo, entre otras; para no ir más lejos, darle una mirada a hoja de ruta trazada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Lo que sí puede cambiar, incluso disruptivamente, es la forma de cubrir esas necesidades básicas, y ahí es donde surgirán muchísimas oportunidades de negocio que, si se aprovechan bien, pueden dar lugar a bastantes emprendimientos, grandes y pequeños, que se convertirán en referentes de desarrollo empresarial, innovación, generación de empleo decente y transformación de la sociedad.

Juan Carlos Zuleta Acevedo

www.juancarloszuleta.com

Juan Carlos Zuleta

Emprendedor. Fundador de IPROCOM, fabricante de componentes plásticos de alto desempeño para los sectores automotriz, electrodomésticos e industrial. Columnista del diario La República.

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